Viviendo con fantasmas.

Esta es la continuación a "amapolas". Esta historia relata un encuentro entre dos personas que se ven incapaces de comunicarse entre si.La inspiración para esta historia fue tomada de experiencias propias en las cuales generalmente me encuentro manteniendo conversaciones con personas que no existen.

Viviendo con fantasmas. 
    Hacía ya aproximadamente media hora que tenía a esta persona en frente, nunca toco la puerta ni se presentó, yo estaba perdido en mis propios pensamientos y cuando me quise dar cuenta ya estaba allí. Sentada en el sillón de frente a la ventana, ese sillón que jamás uso porque durante el día da el sol de frente. La luz se escurría entre las cortinas iluminando el rostro de aquella mujer que ahora me miraba a los ojos sin siquiera pestañar, era lo suficientemente alta como para mirarme desde arriba a pesar de que yo estaba sentado en un sillón un tanto más alto que el de ella. Su piel era blanca como una nube en un día soleado lo que le daba un aspecto casi etéreo al ser iluminada por la luz del sol que se asomaba detrás de las cortinas. Sus ojos eran color café transformándose en verde a medida que se acercaba a la pupila. Su cabello negro como el más profundo abismo resaltaba en comparación con su blanquezca piel, sin embargo, había algo en el que cautivaba, parecía fluir sin ataduras y por momentos podría haber jurado que flotaban como si se tratara de una publicidad en una revista. Su ropa no salía para nada de lo común, un pantalón de jean oscuro con un cinturón de cuero y una remera holgada color marrón que la hacía lucir como una universitaria en los mejores años de su vida. Pero en su cara había algo extraño, algo indescriptible que por más que lo intentase no lograría jamás hacerle justicia. No había nada fuera de lugar ni algo que llamara la atención, tenía una cara como la de cualquier otra, pero a la vez como ninguna. Era como si de un lienzo en blanco se tratará. Tenía la cara de una persona que hubiera podido asesinar a miles de personas y al mismo tiempo hablar sobre la paz mundial y predicar amor al prójimo. En su presencia me sentí intimidado y a pesar de que una completa extraña había aparecido en mi sala de estar sin previo aviso y ahora me estaba mirando fijamente no dije nada y seguí como si nunca hubiera visto nada.
    Paso el día y por alguna extraña razón ya no me sentía intimidado por esta persona, a pesar de que no habíamos hablado en todo el día y que ni siquiera se movió del sillón me sentía cómodo con ella allí. Nunca logre comprender por qué la gente se rodea de otra gente. Yo siempre encontré la paz y tranquilidad en la solitud, pero había algo de esta persona que me hacía apreciar su presencia y no podía evitar sentirme cómodo. Quizás fue mi deseo de estar solo y a la vez acompañado lo que hizo que me encariñara con esta extraña que a pesar de estar en la misma habitación que yo permanecía inmutable en mi sala.  

    A la hora de cenar le puse un plato en la mesa principal donde como todos los días. Prepare la comida que yo deseaba comer sin preguntarle por si tenía algún gusto en particular, de alguna manera ya conocía la respuesta, y sin pensarlo demasiado la llame a la mesa. Por primera vez desde que la conocí la vi moverse, ahora parada su altura no parecía tan imponente y su caminar era uno de los más delicados que jamás he visto, era como si flotara, cuando llego al comedor miro la mesa buscando su plato y se sentó sin decir una palabra. Ambos comimos sin mirarnos ni hablar entre nosotros por lo que pareció media hora, sin embargo, solo habían pasado unos 10 minutos. Al finalizar el reloj daba las 22:30, lo que significaba que si no me iba a dormir pronto no podría lograr alcanzar esas 8 horas de sueño que necesito para poder funcionar. Al verme en esta situación decidí que era hora de hablarle a la misteriosa mujer para pedirle que se retire y poder descansar, ya que a pesar de que no me incomodaba para nada su compañía tampoco podría dormir sabiendo que hay un desconocido paseándose por mi casa. Cuando terminé de lavar los platos la fui a buscar a la mesa donde la había visto por última vez, pero ya no estaba. Tampoco estaba en el sillón donde se apareció por primera vez, la busque por todos los lugares donde se me podría ocurrir, pero no estaba en ninguno. Seguí buscándola por un tiempo a pesar de que ya sabía que no la volvería a encontrar. Ya bastante pasada mi hora habitual de dormir decidí rendirme y atribuirle esta experiencia a una mala jugada de mi mente, quizás nunca hubo nadie y fue todo producto de una imaginación solitaria. Creí que lo más sano seria ignorar todo lo que había sucedido en el día e irme a dormir ya que toda esa escena estaba empezando a angustiarme. Rendido, camine hacia mi habitación, me acosté en mi cama y cerré los ojos con la esperanza de que el próximo día sería mejor que el anterior, sin embargo, una parte de mí se dio cuenta de algo que no había sentido jamás en los 5 años que llevaba viviendo por mi cuenta: Realmente estaba solo. 

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