¿Sueños?
["¿Sueños?" es la tercer parte de una serie de historias que planeo subir una vez por mes durante el 2018. Estas historias cortas e individuales cuentan episodios en la vida de diferentes personajes contemporáneos que conviven en el mismo mundo pero quizás en diferentes locaciones. La intención de cada una de estas historias es hablar sobre las diferentes formas en las que alguien puede llegar a encontrar felicidad y que es lo que esta significa para cada uno de los protagonistas. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.]
Una tarde de verano en un pequeño bar de Avellaneda se encontraban dos amigos tomando unas cervezas y poniéndose al día. A medida que el sol se escondía y las botellas vacías se apilaban al lado de la mesa, la conversación empezó a naufragar entre un mar de tópicos que no resultaban familiares. Una pregunta que hacia bastante tiempo se venía gestando en la cabeza de uno de los muchachos termino por escaparse del mundo de las ideas y aterrizo peligrosamente en la realidad.
Una tarde de verano en un pequeño bar de Avellaneda se encontraban dos amigos tomando unas cervezas y poniéndose al día. A medida que el sol se escondía y las botellas vacías se apilaban al lado de la mesa, la conversación empezó a naufragar entre un mar de tópicos que no resultaban familiares. Una pregunta que hacia bastante tiempo se venía gestando en la cabeza de uno de los muchachos termino por escaparse del mundo de las ideas y aterrizo peligrosamente en la realidad.
- “¿Qué es lo
que nos hace felices?” Dijo el más alto de los muchachos mientras vaciaba una
botella de cerveza.
- “Uy,
te pusiste filosófico de nuevo. “resoplo el más bajito de los dos sin dejar de
mirar la botella vacía ni por un segundo.
- “No
boludo. Yo soy filosófico siempre. Pero posta ¿Qué nos hace felices?” Insistió
el primero.
- “Es
una pregunta muy estúpida esa. ¿Vos te viste a vos mismo? ¿Viste donde vivimos?
¿Las comodidades que tenemos? Tenemos todo lo que podemos desear y vos me
preguntas que nos hace felices, lo difícil en esta vida es buscar una razón por
la cual no ser feliz.” Escupió el segundo de una manera apurada como quien está
tratando de esconder la incomodidad que le generaba hablar de temas más allá
del futbol y el trabajo.
-
“Ahora que ya te contesté me tomo el palo que tengo que ir a buscar a la nena
al colegio. Nos vemos Gabi.” Luego de decir esto el más bajito de los dos
muchachos se levantó y en menos de un minuto ya no se lo podía ver por ningún
lado.
Gabriel
no tuvo tiempo ni de devolver el saludo, pero se quedó pensando en la respuesta
de su amigo. Esta le resultaba incomoda, era real, pero al mismo tiempo falsa.
Como una teoría que solo sirve en palabras y planeación, pero los hechos del
mundo real te muestran que es incorrecta. Gabriel tenía todo lo que deseaba,
una casa, ropa, familia, dinero y muchos amigos, nada de que quejarse. Sin embargo,
se sentía vacío, un vacío que no se llenaba por más cosas que comprara o por más
actividades en las cuales participara. Este vacío lo llevo a buscar la
felicidad en todos los ámbitos de su vida, desde mujeres, pasando por deportes
extremos y hasta drogas que parecían aliviar el peso de su existencia, pero
este jamás se desvanecía, ni siquiera podía ignorarlo ya que sin importar en
donde se encontraba ni que estaba haciendo en ese momento siempre sentía como
el gran vacío se asomaba. Siempre esperando a que se distraiga por un momento
para volver a tomar control de su vida.
Lo
que más le costaba era no hablar de eso. No dejar que la oscuridad y el peso
del vacío se filtrara en sus relaciones o en su vida. Había jurado llevar ese
peso el mismo sin preocupar a nadie más ya que las veces que intento pedir
ayuda solo logro sentirse peor por haber puesto una carga tan pesada sobre los
hombros de las personas que lo querían. Hablar del dolor solo lo volvía más
real. Pero de todas formas estaba luchando una batalla perdida. Si el vacío no
se expandía hacia afuera debía hacerlo hacia adentro, pudriendo e intoxicando
cada aspecto de su mente. Poco a poco el dolor se volvería más notorio y difícil
de esconder. Había meses en donde el evitaba todo tipo de contacto que no fuera
estrictamente profesional, alienándose así del resto de la sociedad pasaba
horas y horas sentado en la cama luchando contra el dolor, intentado ser fuerte
y no sucumbir ante el formidable rival que se presentaba dentro de el mismo. No
por él, sino por los que lo rodeaban.
Cuando
el sufrimiento se volvió insoportable y ya no pudo verse capaz de mantener una
vida relativamente normal decidió dejar todo.
Hizo un par de llamados y cobro un par de favores para poder trabajar
desde la comodidad de su hogar; se inventó la excusa de un viaje y la comento a
todos sus conocidos, les dijo que había recibido un gran bono navideño y que se
iría a recorrer el mundo, se aseguró de no especificarle a nadie cuando volvería.
Una vez que ya se había hecho cargo de que nadie fuera a preguntarse por él se encerró
en un pequeño departamento que había alquilado con el fin de evitar que alguien
pasara por su casa y viera las luces encendidas.
Quizá
fueron horas, quizá fueron días, de todas formas, no importaba para él. Solo
con un colchón, una olla y una bolsa de arroz había encontrado más paz que en
toda su vida. El ya no luchaba contra el vacío, sino que lo había dejado tomar
el control y dictar cada pensamiento que se cruzaba por su cabeza. Había
reducido su personalidad a una pequeña mancha de luz sobre la infinidad de la
oscuridad que se apoderaba del resto de su ser. Sin poder, sin energía, pero
por sobre todas las cosas sin voluntad. A veces tenia pequeños momentos de lucidez
donde retomaba el control solo para ser arrojado nuevamente a la oscuridad. En
esos breves minutos donde podía tener un pensamiento original se limitaba a
pensar que estarían haciendo las personas que todavía esperaban que vuelva de
su viaje por el mundo, se entretenía pensando que recuerdos les hubiera traído
si en verdad se hubiera tomado unas vacaciones, y pensaba en las sonrisas y en
las anécdotas que hubiera podido compartir con todos ellos si tan solo planeara
volver. Pero sabía que no podía hacer nada al respecto. Si alguien viera el estado
en el cual se encontraba lo que menos hubiera sentido al verlo sería felicidad.
Su cabello sucio y casi desapareciendo, la misma ropa que llevaba la última vez
que lo vieron, pero ahora estaba toda sucia y rasgada, y su rostro también se había
visto perjudicado, semanas de no comer lo habían dejado flaco y los huesos de
sus pómulos parecían rogar ver la luz del sol. A veces se daba cuenta que
llevaba días sin comer, pero cuando empezaba a levantarse para cocinar su
cuerpo lo contradecía. Ya no era ni siquiera capaz de moverse por cuenta
propia. Con el paso de los días fue sintiendo el hambre cada vez menos. Los estímulos
que lo rodeaban parecían cada vez más lejanos. Él era poco más que un
espectador en una vida sobre la cual no tenía ninguna influencia. Finalmente,
un día como cualquier otro todo el dolor ceso, la pequeña mancha de luz que
brillaba en la oscuridad de la inexistencia finalmente se mimetizo con el vacío
y en ese momento fueron uno solo, al mismo tiempo que eran nada.
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